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Fecha de
nacimiento: 10/04/1973
Lugar de
nacimiento: Sao Paulo (Brasil)
Ingreso en el
club: 1996
Causó Baja:
2007
Posición en el
campo: Lateral izquierdo
Partidos jugados: 475 oficiales
Goles marcados: 62
Internacional con Brasil: 128 veces
Palmarés:
4 Ligas de España
3 Supercopas de España
3 Copas de Europa
2 Intercontinentales
1 Supercopa de Europa con el Real Madrid
2 Campeonatos brasileños con el Palmeiras
1 Supercopa de Turquía con el Fenerbahçe
2 Copas de América
1 Mundial
1 Copa Confederaciones
1 Balón de plata (2002),1 FIFA World Player de Plata (1997)
Nombramiento por parte de Pelé como uno de los mejores 125 jugadores
vivos de la historia (FIFA 100)
Si los puertos
del Tour de Francia son bautizados con los nombres de todos aquellos
‘mitos’ que los coronaron o los circuitos son llamados del mismo
modo que los deportistas del motor más representativos del país en
los que se celebran dichas carreras, la banda izquierda del Real
Madrid debería tener, por antonomasia, un único nombre: Roberto
Carlos da Silva.
La niñez de Roberto Carlos, como la de la mayoría de los jóvenes
brasileños, fue complicada. No en vano a temprana edad, con apenas
12 años recién cumplidos, comenzó a trabajar en una fábrica, de
nombre Torsao Cordeiro. El astro carioca era consciente de la
importancia que tenía llevar una pequeña suma de dinero a casa,
pero, pese a ello, sus inquietudes se encaminaban hacía otro lado,
hacia los terrenos de juego. Su verdadero sueño.
Corría el año 1986 cuando ese sueño empezó a confundirse con la
realidad. Roberto Carlos pasó a formar parte del União São João,
club en el que maduró como futbolista y en el que tuvo un ascenso
meteórico hasta la profesionalización tras destacar en todas las
categorías. Era el año 1992, época en la que se conmemoraba el
quinto centenario del descubrimiento de América, y Roberto Carlos, a
pesar de contar con tan sólo 19 años, ya era un jugador consagrado
en su país. Su aparición en el primer equipo años antes había
llamado tanto la atención de los grandes clubes del fútbol carioca
que el Palmeiras no tardó en hacerse con sus servicios. Allí
coincidiría con Rivaldo, compañero en ese momento y rival años más
tarde cuando el de Recife recaló en el Barcelona. De la mano y
formando una inigualable banda izquierda consiguieron hacer grande a
un equipo que se proclamó Campeón de Liga durante dos temporadas
consecutivas (93/94 y 94/95).
Su paso a Europa: del ostracismo al reconocimiento mundial
Era evidente
que sus constantes éxitos en el país que le vio nacer le iban a
reportar a Roberto Carlos el pasaporte al fútbol practicado en el
viejo continente. Concretamente fue el Inter de Milán quien se hizo
con sus servicios en 1995. Sólo duró una temporada en el conjunto
italiano debido a que el brasileño no tenía cabida en los planes del
técnico británico Roy Hodgson. Ese detalle fue el detonante para que
el club blanco se hiciera con sus servicios por la cifra de 600
millones de pesetas en un verano en el que el Real Madrid también
contrató a Seedorf, Mijatovic o Davor Suker entre otros. Al mando de
todos ellos, otro refuerzo, el italiano Fabio Capello. La
integración de Roberto Carlos con el que siempre será el club de sus
amores fue tan exitosa que Lorenzo Sanz, presidente por aquel
entonces, llegó a afirmar años más tarde que el carioca fue “uno de
los jugadores más rentables de la historia del fútbol mundial”.
Y es que los éxitos deportivos más recientes de la historia del Real
Madrid caminan de forma paralela con la ejemplar trayectoria del
brasileño en la plantilla blanca. Once años en los que se
consiguieron cuatro Ligas, tres Supercopas de España, dos
Intercontinentales y sobre todo tres Copas de Europa, la primera de
ellas sirvió para dar por finalizada la necesidad histórica de ganar
esta competición tras 32 años sin hacerlo.
Roberto Carlos fue, por tanto, un jugador con mayúsculas. El astro
brasileño será siempre recordado por su regularidad, su prodigiosa
velocidad (llegó a realizar los 100 metros en 10.9 segundos) y sobre
todo su tremenda pegada (sus disparos alcanzaban los 140 km/h). La
exhuberancia física que demostraba el carioca le permitía ser el
dueño y señor de la banda izquierda blanca, lo que provocaba que
algunos entrenadores como Vicente del Bosque pudieran permitirse el
lujo de confeccionar una alineación en la que el brasileño ejercía,
al mismo tiempo, tanto de lateral como de extremo.
Buena prueba de que Roberto Carlos, a pesar de ser defensa, era un
futbolista con clara vocación ofensiva fueron sus más de sesenta
goles con la camiseta blanca, mejor dicho sus ‘bombas inteligentes’.
Así llegaron a denominar a sus potentes y eficaces golpeos de balón
efectuados con tres dedos de su musculosa pierna zurda que
sorprendían a los porteros rivales. De esta forma, el brasileño
consiguió tantos tan espectaculares e inverosímiles como el que
anotó prácticamente sin ángulo en el Heliodoro Rodríguez López
frente al Tenerife. Pero si hay un tanto que explica a la perfección
el fabuloso golpeo de Roberto Carlos fue el marcado con su selección
de libre directo en la Copa Confederaciones ante Francia. El balón
adquirió tal efecto que este gol es calificado por gran parte de los
aficionados como el mejor tanto de falta directa de la historia.
En 2007 y bajo las órdenes de Capello, curiosamente el mismo técnico
que le hizo debutar, Roberto Carlos se despidió de su afición, no
sin antes sumar un nuevo título, el Campeonato Nacional de Liga.
Todos recordamos ese mágico gol en el último instante ante el
Recreativo de Huelva después de recorrer a toda velocidad el campo
de juego desde la defensa para meter, en última instancia, su
prodigiosa pierna izquierda. Sería la última aportación del
brasileño a una afición que siempre añorará la calidad y la simpatía
de uno de los mejores zurdos que ha pisado el Santiago Bernabéu. Es
más, la comunión del brasileño con este estadio es tan perfecta que
el propio Roberto Carlos llegó a afirmar cuando ya formaba parte del
Fenerbahçe turco, club al que recaló en el verano de 2007, que
“pondría un colchón en el Bernabéu y dormiría allí”.
Roberto Carlos
dominó la banda izquierda a su antojo. Pese a ser defensa, sus
subidas al ataque eran siempre constantes. Si algo realmente
caracterizó al astro brasileño, a parte de su simpatía, fue su
regularidad, su velocidad y sobre todo su potencia de disparo.
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